martes, 19 de abril de 2011

Conciencia al manejar

Hoy caminaba sobre la Avenida Corrientes y mientras estaba por cruzar escucho a un motociclista insultar a un taxi en la intersección con la Avenida Pueyrredón. Me quedo observando los pocos segundos que dura la escena, cuyo desenlace es que el motociclista sigue por la avenida que nunca duerme. Doy dos pasos, levanto la vista hacia el lugar exacto donde ocurrió el incidente verbal y observo otro taxi que dobla bruscamente y obliga a frenar a otra moto que venía detrás. Se repite la escena, pero con diferentes actores. La temática es la misma. La frenada brusca y el peligro.

Dos escenas casi iguales a pocos segundos una de la otra. Un día como hoy (19 de abril de 2011) a una hora cualquiera (cerca de las 17 hs.). Como estas historias deben pasar miles a cualquier hora y día. Por suerte no hubo accidente. Pero la enseñanza es la reflexión que hay que tomar de ese suceso.

Manejar. Dar exámen. Estudiarse los movimientos, dominar el volante, aprenderse los carteles, adquirir el lenguaje del auto. Sencillo para los amantes. Pasar momentos de tensión detrás del volante. Echar la culpa al que se cruzó: insultarlo por estar al borde de provocar un accidente. Peatón que cruza apurado ni bien cambia el semáforo a verde y fastidia a los conductores. Aprender del error de otro. Estar atento a eso.

El tiempo es el verdugo del conductor. La presión de las obligaciones cotidianas como cumplir con horarios laborales muchas veces altera la concentración en el manejo y juega en contra de los conductores. Y así sale el ejemplo a la calle. Muchas veces al cruzar mal y ver que se viene el auto suponemos que bajará la velocidad. No lo hace. Tenemos que correr como si este estuviera jugando a pisarnos.

Por eso muchas veces los conductores se creen los reyes de la calle. Y así suceden este tipo de situaciones. El exámen psicológico es algo muy simple, cuando en realidad tendría que ser más complejo. Una mentira puede ser letal. No detectar las actitudes peligrosas que puede tomar un conductor es darle una licencia para matar. El exceso de velocidad debería ser considerado casi como tener un arma de fuego: es muy peligroso, se necesita una reacción muy rápida ante un imprevisto y en este caso el más mínimo nervio puede endurecer las manos sobre el volante quitando esa capacidad.

Establecer conciencia al manejar es difícil. Porque hay que contrarrestar la soberbia que implica detrás del volante. Por eso muchas veces las leyes que regulan este tipo de actividad deben tomar una postura represiva. Porque la soberbia es difícil de vencer, también a veces imposible. Por eso hay que acudir a quitar el registro por un tiempo. Jugar con el miedo del conductor a no poder subirse a un auto. Si la ley no se cumple hay que imponerla.

El conductor tiene que entender que el auto es un arma si no se usa bien. Puede matar muy fácil