Hay dos momentos en los que el subte es una batalla. Uno es la franja horaria que va de las 7 a las 11 y el otro es de 16 a 18. Entiendase que ambos se deben a la entrada al trabajo y el regreso al hogar respectivamente.
El caso que voy a narrar es el de la línea A, la cual sus últimas estaciones desembocan en calles del microcentro (Lima, Piedras, Perú y la Plaza de Mayo). Es es el motivo principal por el cual mucha gente se toma este subte. La estacion donde se produce el llenado del subte es la estación Plaza Miserere. En Lima se baja la mitad de los pasajeros, pues es el lugar de combinación con la línea C, la cual también posee sus calles en zonas del microcentro (San martín, Lavalle, Diagonal Norte).
Antes de subir al vagón guardo cuidadosamente los objetos importantes (celular, billetera, mp4 y llaves) en un bolsillo de difícil acceso. Sé que así como en el tren viajan personas que trabajan, también usan este medio de transporte quienes se dedican a robar. Subo al subte. A la mañana está cada uno de los vagones casi todo lleno, lo cual incomoda, ya que hay poco espacio para moverse.
Conseguir agua en un desierto podría resultar más fácil que un asiento a esa hora. Un ejemplo de esto es ir a la estación terminal (en este caso Carabobo) y esperar a que el subte se vacíe. En los andenes la gente llega de a grupos: en solo cuestión de segundos la cantidad varía de 10 o 20 personas a poco más de 100. Mientras el subte está por detenerse la ansiedad reina y la gente empieza a moverse hacia las puertas. Se abren. Comienza a correr el reloj y la desesperación por sentarse. Se van desnudando todas las diferentes expresiones del egoísmo: empujones, correr más rápido, dar pasos más hábiles. Parece un juego en el cual la consigna sería "el que se queda sin sentarse pierde. No creo que los asientos libres lleguen al minuto sin ser ocupados.
Comienza el viaje y la atmósfera se torna densa y pesada. Resulta difícil hacer un movimiento estando todos apretados. Para agarrar mi mp4 no puedo evitar perdjudicar a quienes tengo a mi alrededor. Cada segundos voy tocando mi bolsillo para constatar que no me hayan robado nada. Entonces tomo la decisión de dejar la mano cruzada y parezco los jugadores de futbol cuando cantan el himno de su país.
Estoy intranquilo, como así deben estar los demás. Cada cambio de estación es un lío. Una persona quiere bajar y empieza a pedir permiso, tratando de esquivar a las personas como si fueran obstáculos que tiene en el camino. Eso implica que hay que cederle el paso. Y cuesta. Suben las personas y aunque no son muchas cada vez queda menos espacio.
El vagón entero se prepara para Plaza Miserere. Las puertas se abren y comienza la debacle. Los que quieran bajar tendrán que hacer como un simulacro de batalla de la Edad Media, en la que los ejércitos enemigos iban al choque. Hay que llegar rápido afuera, porque la gente entra y atropella y no se va a correr porque cada uno busca su lugar.
Subir al tren pareciera la salvación. Como si fuera una cuestión de vida o muerte. Siempre hay uno que, como no puede entrar porque el vagón está lleno, se agarra del techo y con su cuerpo hace de palanca empujando hacia adentro. A veces entra y otras veces es expulsado afuera como si hubiese una barrera protectora.
En la estación Lima el subte se descongestiona. El espacio empieza a liberarse y una sensación de alivio empieza a acompañar al cuerpo en la sensación de poder moverse, tener espacio para acomodarse.
El gentío circula por los pasillos para hacer las combinaciones, así como también se produce un embotellamiento en la escalera mecánica.
martes, 22 de junio de 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
Batucada en el medio de los productos: La protesta de los trabajadores de Disco
Hoy fui a hacer un trámite cerca de la zona del Congreso. Caminaba por la avenida Entre Ríos hasta que al llegar a la altura de 361 vi mucha gente que se asomaba a las puertas corredizas de vidrio y hablaba. Me acerco y escucho el sonido (el cual era bajo por las puertas cerradas, pero el ritmo era con fuerza) de una percusión.
Observé la escena: un grupo de no más de 10 empleados estaban sentados tocando tambores y redoblantes. Hablaban entre ellos como si estuviesen dando un show y coordinasen el ritmo. Los changuitos obstruían el paso de la gente, colocados en fila todos juntos detrás de los detectores de metales.
Cada tanto venía un empleado de seguridad cuya manera de hablar eran palabras cortas, sin tratar de justificar lo injustificable. Informaba que las actividades de la empresa paraban. La gente se juntaba. Todos se preguntaban por un supermercado cerca.
Más de uno preguntaba a qué hora iba a terminar esta protesta. Pero con lo único que se encontraba era la ausencia de respuestas. Alguno quería saber qué pasaba. Una señora dijo que era por una aumento salarial, en donde los trabajadores sostenían que con 2000 pesos no podían vivir.
Escuché una especie de sugerencia, en la cual una muejr planteó por qué no avisan qué a tal hora va a haber paro. Recordé el paro del subte y busqué una explicación para darle. Le dije: "si avisan antes nadie irá al supermercado, porque ya se sabe que no va a haber actividad. En cambio, si no avisan, tienen a la gente protestando en las puertas, lo cual significaría repercusión y poder unir las voces de la gente que está afuera, la cual se ve en la necesidad de concurrir al supermercado por motivos de existencia vital como la alimentación, saneamiento, salud, higiene".
Los reclamos de la protesta son: aumento del 35% del sueldo (que el básico llegue a 3000), la renuncia de Armando Cavalieri (Secretario General del Sindicato de Empleados de Comercio). La razón principal es la negativa de los empresarios de firmar la suba salarial solicitada mediante paritarias por el Sindicato de Empleados de Comercio.
Observé la escena: un grupo de no más de 10 empleados estaban sentados tocando tambores y redoblantes. Hablaban entre ellos como si estuviesen dando un show y coordinasen el ritmo. Los changuitos obstruían el paso de la gente, colocados en fila todos juntos detrás de los detectores de metales.
Cada tanto venía un empleado de seguridad cuya manera de hablar eran palabras cortas, sin tratar de justificar lo injustificable. Informaba que las actividades de la empresa paraban. La gente se juntaba. Todos se preguntaban por un supermercado cerca.
Más de uno preguntaba a qué hora iba a terminar esta protesta. Pero con lo único que se encontraba era la ausencia de respuestas. Alguno quería saber qué pasaba. Una señora dijo que era por una aumento salarial, en donde los trabajadores sostenían que con 2000 pesos no podían vivir.
Escuché una especie de sugerencia, en la cual una muejr planteó por qué no avisan qué a tal hora va a haber paro. Recordé el paro del subte y busqué una explicación para darle. Le dije: "si avisan antes nadie irá al supermercado, porque ya se sabe que no va a haber actividad. En cambio, si no avisan, tienen a la gente protestando en las puertas, lo cual significaría repercusión y poder unir las voces de la gente que está afuera, la cual se ve en la necesidad de concurrir al supermercado por motivos de existencia vital como la alimentación, saneamiento, salud, higiene".
Los reclamos de la protesta son: aumento del 35% del sueldo (que el básico llegue a 3000), la renuncia de Armando Cavalieri (Secretario General del Sindicato de Empleados de Comercio). La razón principal es la negativa de los empresarios de firmar la suba salarial solicitada mediante paritarias por el Sindicato de Empleados de Comercio.
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sábado, 5 de junio de 2010
Los Odio en el Festival Ciudad Emergente (Entrevistas a Paco Huidobro -voz- y Tito Fuentes)
Paco Huidobro
Se paseaba rodeado de la gente por el pasillo que daba hacia la Avenida Pueyrredón. Con una sonrisa en la cara y prestado a hablar con el público. Recibía halagos y los intercambiaba por humildad diciendo que quizás se había equivocado en una escala o en una nota. Con un traje bordo, zapatos blancos y camisa negra con corbata blanca se encontraba a la expectativa de cualquiera de los presentes allí, disupuesto a conversar, intercambiar opiniones. Se sentía nervioso. Pero el contacto con el público lo calmaba.
-¿Qué fue tocar en le Argentina?
-Es un país difícil en este oficio. Es un país con una tradición monstruosa de músicos, de cultura. Es un verdadero reto, no se tragan cualquier cosa. Me habían contado historias de que el público te daba la espalda y ha resultado lo más amable y cálido conmigo y el grupo. Me siento muy contento y es el mejor viaje que he tenido.
-La banda ¿como nació?, ¿cómo se juntaron?...
-Lo conozco de años de tocar. A Quique, por ejemplo, yo fui a los primeros shows de Café Tacuba, el fue a los primeros shows míos, compartimos el escenario muchas veces con Café Tacuba. A Tito lo conocí cuando yo vivía en lo de mis padres con mi hermano en mi cuarto agarrando la guitarra. A Tomás y a Jay los conozco desde niños que tenían un grupo llamado Los microchips. Son amigos de toda la vida y el tiempo los hizo músicos mosntruosos y eso es una suerte que no tiene precio.
-Ustedes le meten mucho carisma a la hora de componer letras y en el escenario...
Es que es lo más importante. Este grupo exige ponernos un límite. No nos permitimos meter secuencias ni computadoras. Por eso la música es muy cruda. Es solamente un cable y un pedal de distorsión a veces. Y el diálogo tiene que ser lo que hace el intrumento con tu cerebro y con tu sentido del humor. Es lo que hace divertido a un grupo. Todo lo que decimos en las letras es lo que hablamos cuando estamos comiendo, en el lobby, tomando un café, la manera de ser todos los días.
-No aparentar sino mostrar lo que verdaderamente sos...
-Lo que uno tiene que demostrar en el escenario para tener empatía con alguien es ser una persona más. Puede haber músicos que piensan que estén sobre las demás personas. Lo único que tienen de distinto es que hacen músico, quizás las otras personas son mejores en la física, química, liteartura... Entonces hay que el mismo respeto por cada ser humano.
-¿Y te divertiste esta noche?
-Sí, estaba nervioso. Uno no sabe lo que va a pasar.
-¿Es el peso de otra tierra o de Argentina en particular?
-Argentina tiene un peso especial, porque los grandes monstruos de la música en español están acá.
-¿Cómo es la relación que se vivió con el otro yo? Ese abrazo tan festivo...
-Hace mucho tiempo un productor argentino Oscar Lopez me invitó a su casa y me sacó un montón de recortes de prensa de El otro yo y me dijo "tu tienes que hacer esto", tu tienes que trabajar con este grupo". Pasaron 10 años, vine a Buenos Aires con Molotov, los conocí en un programa de televisión, me dieron sus discos, nos hicimos amigos, vinieron a México, los llevé a pasear, escuchamos algunos singles. Y he tenido el honor como productor de hacerles su último disco. Son grandes amigos, como músicos y como personas.
Tito Fuentes.
Con el mismo traje que vestía Paco Huidobro. Hablando, opinando. En un rincón. Con un look de barba crecida. Con la simpatía que lo caracteriza, prestado a hablar en todo momento. Le dije, ¿se puede producir el milagro? ¿Podrá haber una púa de Tito Fuentes?" y él metió la mano en bolsillo derecho y la sacó y me la dio.
¿Qué tal estuvo volver a la Argentina?
-Me encanta venir a la Argentina. Me fascina.
-¿Cómo te trató el público argentino?
-Muy bien. Muy difícil llegar a un momento donde no hay expectativa o la expectativa es diferente a la que hay con tu grupo normal. El público argentino es hermoso.
-¿Es díficil ganarse al público argentino?
-Sí, pero por otra parte... ¿tu sabes lo que estás haciendo?. No es que porque hagas 3 acordes suenes más sencillo es que ya llegaste a eso ya pasaste por producciones más gigantes, por pedales, por amplificadores... Y estás volviendo a disfrutar de un buen guitarrazo, de un buen ampli. Es como sintetizar tu carrera y tu gusto musical. La gente acá también capta eso.
-¿Es el público argentino un público festivo?
-Es un público super festivo. Es un público que sabe la diferencia entre un bajo y una guitarra. Y cuando está contigo es la energía más cabrona del mundo.
-¿Sentís que lo que hacés es parte de lo que sos naturalmente?
-Totalmente. Estás ahí, con tus amigos, haciendo algo que suena bien. Empiezas a preocuparte por ver que nota sigue en qué estoy, yo supongo que cuando sabés como va tienes que escuchar el momento que estás generando lo que está pasando. Está todo bien, estás entre amigos y la gente está haciendo la mejor.
Se paseaba rodeado de la gente por el pasillo que daba hacia la Avenida Pueyrredón. Con una sonrisa en la cara y prestado a hablar con el público. Recibía halagos y los intercambiaba por humildad diciendo que quizás se había equivocado en una escala o en una nota. Con un traje bordo, zapatos blancos y camisa negra con corbata blanca se encontraba a la expectativa de cualquiera de los presentes allí, disupuesto a conversar, intercambiar opiniones. Se sentía nervioso. Pero el contacto con el público lo calmaba.
-¿Qué fue tocar en le Argentina?
-Es un país difícil en este oficio. Es un país con una tradición monstruosa de músicos, de cultura. Es un verdadero reto, no se tragan cualquier cosa. Me habían contado historias de que el público te daba la espalda y ha resultado lo más amable y cálido conmigo y el grupo. Me siento muy contento y es el mejor viaje que he tenido.
-La banda ¿como nació?, ¿cómo se juntaron?...
-Lo conozco de años de tocar. A Quique, por ejemplo, yo fui a los primeros shows de Café Tacuba, el fue a los primeros shows míos, compartimos el escenario muchas veces con Café Tacuba. A Tito lo conocí cuando yo vivía en lo de mis padres con mi hermano en mi cuarto agarrando la guitarra. A Tomás y a Jay los conozco desde niños que tenían un grupo llamado Los microchips. Son amigos de toda la vida y el tiempo los hizo músicos mosntruosos y eso es una suerte que no tiene precio.
-Ustedes le meten mucho carisma a la hora de componer letras y en el escenario...
Es que es lo más importante. Este grupo exige ponernos un límite. No nos permitimos meter secuencias ni computadoras. Por eso la música es muy cruda. Es solamente un cable y un pedal de distorsión a veces. Y el diálogo tiene que ser lo que hace el intrumento con tu cerebro y con tu sentido del humor. Es lo que hace divertido a un grupo. Todo lo que decimos en las letras es lo que hablamos cuando estamos comiendo, en el lobby, tomando un café, la manera de ser todos los días.
-No aparentar sino mostrar lo que verdaderamente sos...
-Lo que uno tiene que demostrar en el escenario para tener empatía con alguien es ser una persona más. Puede haber músicos que piensan que estén sobre las demás personas. Lo único que tienen de distinto es que hacen músico, quizás las otras personas son mejores en la física, química, liteartura... Entonces hay que el mismo respeto por cada ser humano.
-¿Y te divertiste esta noche?
-Sí, estaba nervioso. Uno no sabe lo que va a pasar.
-¿Es el peso de otra tierra o de Argentina en particular?
-Argentina tiene un peso especial, porque los grandes monstruos de la música en español están acá.
-¿Cómo es la relación que se vivió con el otro yo? Ese abrazo tan festivo...
-Hace mucho tiempo un productor argentino Oscar Lopez me invitó a su casa y me sacó un montón de recortes de prensa de El otro yo y me dijo "tu tienes que hacer esto", tu tienes que trabajar con este grupo". Pasaron 10 años, vine a Buenos Aires con Molotov, los conocí en un programa de televisión, me dieron sus discos, nos hicimos amigos, vinieron a México, los llevé a pasear, escuchamos algunos singles. Y he tenido el honor como productor de hacerles su último disco. Son grandes amigos, como músicos y como personas.
Tito Fuentes.
Con el mismo traje que vestía Paco Huidobro. Hablando, opinando. En un rincón. Con un look de barba crecida. Con la simpatía que lo caracteriza, prestado a hablar en todo momento. Le dije, ¿se puede producir el milagro? ¿Podrá haber una púa de Tito Fuentes?" y él metió la mano en bolsillo derecho y la sacó y me la dio.
¿Qué tal estuvo volver a la Argentina?
-Me encanta venir a la Argentina. Me fascina.
-¿Cómo te trató el público argentino?
-Muy bien. Muy difícil llegar a un momento donde no hay expectativa o la expectativa es diferente a la que hay con tu grupo normal. El público argentino es hermoso.
-¿Es díficil ganarse al público argentino?
-Sí, pero por otra parte... ¿tu sabes lo que estás haciendo?. No es que porque hagas 3 acordes suenes más sencillo es que ya llegaste a eso ya pasaste por producciones más gigantes, por pedales, por amplificadores... Y estás volviendo a disfrutar de un buen guitarrazo, de un buen ampli. Es como sintetizar tu carrera y tu gusto musical. La gente acá también capta eso.
-¿Es el público argentino un público festivo?
-Es un público super festivo. Es un público que sabe la diferencia entre un bajo y una guitarra. Y cuando está contigo es la energía más cabrona del mundo.
-¿Sentís que lo que hacés es parte de lo que sos naturalmente?
-Totalmente. Estás ahí, con tus amigos, haciendo algo que suena bien. Empiezas a preocuparte por ver que nota sigue en qué estoy, yo supongo que cuando sabés como va tienes que escuchar el momento que estás generando lo que está pasando. Está todo bien, estás entre amigos y la gente está haciendo la mejor.
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