martes, 27 de abril de 2010

“No somos motochorros, somos motociclistas”

Con este lema se congregaron ayer frente a la Legislatura porteña a partir de las 18 más de cincuenta motociclistas. Protestaron por el decreto 532/09 que ya está vigente en la Provincia de Buenos Aires y no quieren que llegue a Capital Federal: el número de chapa patente en el chaleco y en el casco.

Se reunieron con diputados de la Comisión de Tránsito y Transporte. El proyecto todavía no llegó, si es que sube se va a dividir en tres subcomisiones: Seguridad, derechos humanos y justicia y tránsito y Transporte. “Tenemos que hacer hechos positivos, no alcanza con protestar, hay que empezar a pedir cosas” dijo por el megáfono uno de los representantes que habló con los diputados.

Estuvieron presentes varios miembros de diversas organizaciones, entre las que se destacaron Águilas Argentinas y La banda motera. Destacaron el papel del motociclista en todas sus representaciones: cadete, trabajador, circulante y el apasionado por la moto. Todos unidos por un mismo reclamo.

El próximo miércoles 5 van a firmar un escrito en donde presentarán el rechazo al proyecto y van a armar nuevas propuestas porque entienden que no tienen una voz que los representa. A las 18 se presentarán en Avenida de Mayo y 9 de julio.

Reclamaron que no haya discrimación porque ellos también son ciudadanos. Sí están de acuerdo con el control, no les molesta que la policía la pida los documentos, pero siempre que lo hagan con respeto.

Los problemas que sufren son:

-Los pozos en las calles: “son pelígrosísimos para los motociclistas, un auto rompe una cubierta, nosotros nos matamos” compara Miguel, uno de los convocados. Hay una gran cantidad y algunos están muy hundidos.

-Las manchas de gasoil de los colectivos: hacen resbalar a las motos y una caída de este vehículo puede llegar a ser fatal.

-Los coches que no respetan: si una moto va despacio puede ser atropellada.

-Las diferencias con otros países acerca de la imagen de la moto: mientras otros países como Estados Unidos incentivan el uso de la moto porque descongestiona el tránsito, en este país sostienen que es al revés. Que se puede llegar a confundir con los sicarios que a bordo de una moto ejecutan a sus víctimas para ajustar cuentas.

-La inseguridad: ellos también se tienen que cuidar de los ladrones. “Estamos más expuestos que los automovilistas, vos salís de noche y estamos asustados de que nos roben la moto” dice Miguel.

-La palabra motochorro: no la quieren escuchar más en los medios porque sostienen que es un invento que duele y que revuelve las tripas. La aplicación de este término en las noticias, que describe el delito hecho a bordo de una moto, lleva a confundir a toda persona que posee una moto con los delincuentes. “Vos parás al lado de un coche y la gente se asusta, suben los vidrios y se corren. Si se habla de motochorro se tiene que hablar de autochorro, peatónchorro” dice Miguel. Además agregó que nunca se habla de autochorro cuando el robo se comete a bordo de un auto, los secuestros no ocurren a bordo de una moto y no se roba un flete a bordo de una moto.

-Los accesos: no pueden entrar a Microcentro. “Si la dejás en la calle te hacen la boleta y si la dejás en la vereda te la tiran”.

viernes, 23 de abril de 2010

¿Consumismo o locura?

Ayer estaba paseando por la calle Corrientes. Estaba con la idea de comprarme algo: un sweater o un jean. Y empecé a admirar los diferentes diseños con ganas de llevarme más de uno. Pero pensé y me dije "quiero un sweater, pero necesito un jean, no voy a comprar las dos cosas", entonces observé un pantalón marrón que me gustó bastante y volví a la premisa anterior "necesito un jean, no un pantalón de vestir".

Pasé indeciso frente a los diferentes locales: estaba con la idea de llevarme algo. Pero di vueltas y vueltas y decidí no gastar, conservar el dinero para otras cosas. Al día siguiente me arrepentí y me dije "sí, hoy me lo tengo que llevar". Ni siquiera fui a la avenida que nunca duerme.

Me acuerdo que las cuatro prendas que vi que más me interesaron fueron: un sweater y una campera con cierre de algodón negros, un pantalón marrón a rayas y la campera de Alemania.

A todo esto ¿por qué llamo consumismo o locura este artículo?. Porque ni bien salí a la calle el mismo día y también al día siguiente vi por lo menos 10 personas con una campera negra como la que yo quería, 5 con el sweater negro, uno con la campera de alemania y otro con una gorra (que también me gustaba) y 3 personas más con pantalón marrón a rayas.

Esas personas existen, obviamente, pero parece una escena preparada. A esas personas quizás les faltaba un cartel que diga "compralo".

martes, 20 de abril de 2010

Una extraña manera de conversar en un colectivo

AC DC sonaba en mi mp4. Estaba a bordo del 132, el cual había cambiado un tramo del recorrido debido a una manifestación. El colectivo frena y observo a un amigo sentado en el colectivo de al lado de la línea 96. Lo saludo y él hace lo mismo con un gesto.

Camino hasta la mitad del colectivo en busca de una ventana abierta (estaba vacío, lo cual hacía que fuera fácil porque había mucho espacio). Saco la cabeza y empiezo a hablarle. Preguntas que surgen típicas del imprevisto tales como "¿Dónde vas?" "¿Cómo andás?" y "¿Arreglamos una buena salida el finde?".

El colectivo se adelantó y me mandé hacia adelante para seguirle hablando. Como tenía el vidrio delante mío me tuve que manejar por señas. Vi que mi interlocutor entedió menos de la mitad de lo que le dije.

El semáforo verde dio fin a la coversación ya que los colectivos siguieron cada uno su recorrido. Vuelvo hacia mi asiento con la senesación de que todo el mundo debe haber pensado que estaba loco.

Caminé sin mirar a nadie. Y me senté.

viernes, 9 de abril de 2010

Pelea en la estación Once

Cumplía mi mejor amigo. Estaba a punto de tomarme el tren para ir a su casa. Iba escuchando música de mi mp4, tranquilo. Entro a la estación de Once. De repente, una escena que sucedió tan de golpe me sorprendió hasta tal punto que me frené y observé atento lo que ocurría.

Un muchacho alto con una camisa azul y un jean (por cuya apariencia rondaba los veinticinco años) avanzaba con paso que expresaba decisión y empuje hacia otro que vestía campera de jean y llevaba consigo una mochila. Alcancé a ver como unas trompadas se estrellaban contra una cara sin reacción ni respuesta. El joven de campera de jean había recibido por lo menos 5 piñas.

Al principio pensé que era una broma, pero la irrupción en la escena de otros dos hombres, los dos unos centímetros más bajitos y uno de ellos fornido, que también vestían una camisa azul (lo que me llevó a comprobar que trabajaban en el mismo puesto, un local de comidas rápidas ubicado a metros a la izquierda de la boletería que estaba en el centro de la estación) me hizo ver la realidad. Esos dos hombres ayudaron a golpear al que pertenecía a su equipo.

Me acuerdo que fueron pocos golpes los que recibió parado aquel joven, pues en pocos segundos cayó de espaldas contra el suelo. Entonces los agresores cambiaron sus puños por patadas. Y la escena era observar cómo 6 pies se movían alrededor del agredido que estaba en el suelo (que hacía lo posible por defenderse) y cómo conectaban en todo su cuerpo. Recuerdo una imagen que me impresionó: ver cómo una patada enérgica impactaba en la cabeza, desplazándola por lo menos 10 centímetros.

Pude notar que en la mejilla izquierda del hombre, que intentaba ponerse de pie con sus dos brazos apoyados en el suelo, se dibujaba una línea roja encargada de repesentar lo que sería el adjetivo calificador de aquel hecho: violento.

Y aquí comenzó la segunda escena terrible: el herido que intentaba reponerse cayó pesadamente hacia atrás de espaldas sin poder realizar un movimiento. Inmediatamente pensé que había sucedido lo peor: se desmayó o murió. Afortunadamente ninguna de las dos.

Una voz de un hombre que estaba por allí, que sería cliente del local, pues después volvió a la barra que tenía el local, ayudó a calmar la pelea. O quizás los 3 compañeros no tenían más ganas de golpear, o puede ser que ya habían dado lo que consideraban suficiente, o tal vez se tranquilizaron por este señor y por la casi veintena de personas que estábamos de curiosos. "Ya está, ya fue" alcancé a oír de su voz que por la distancia (unos 10 metros) se hizo bajita. Tomó a uno de los agresores de los brazos y éste se dio vuelta y regresó al local. Un policía apareció y se puso a charlar con el agredido.

Me dirijo hacia la boletería y observo que el tren más próximo salía a las 22:27. Miré mi reloj. me quedaban algo más de 5 minutos. Pensé en que tenía un poco de tiempo para registrar algo más. Recibo el boleto y vuelvo al lugar de los hechos. Veo al hombre bajito y fornido abriendo un horno gigante, trabajando. A unos dos metros a la izquierda del local estaba el joven ensangrentado amenazando a los muchachos del local. Decía que los iba a cagar a trompadas y que vayan hacia él. Al ver que los muchachos seguían atendiendo gente pensé que no iba a pasar nada más.

Caminé hacia la estación que estaba detrás del local. Algo hizo darme vuelta: el joven parado en la mitad de la barra del local en una actitud provocativa hacia los integrantes de la paliza que recibió. Como lo ignoraban optó por agarrar el servilletero que estaba a disposición de los clientes y lo puso en posición de lanzárselo. Uno de los que estaba ahí lo paró.

El policía fue avisado por un pasajero que andaba por ahí y corrió hacia el lugar de la escena. En solo segundos pude ver cómo se alejaba el golpeado. Miré mi reloj y quedaba solo un minuto y corrí hacia el tren.