martes, 28 de diciembre de 2010

El problema del desabastecimiento de nafta en Argentina

Ayer 27 de diciembre iba en el auto a cargar nafta. Me encuentro con la primera estación de servicio que me esquivó con un simple "no hay nada" como un torero hábil esquiva al más veloz y hambriento animal que con su cornada busca el rojo más colorido.

La segunda tuvo casi el mismo discurso. Palabras más o quizás frases alargadoras. Pero la misma idea y sentido. Ausencia de combustible.
El radio comenzaba a tornarse largo y agotador. La impaciencia se tornaba en ansiedad y desesperación.

A las tercera y cuarta estaciones de servicio directamente el paisaje hablaba: ante tanta necesidad de buscar combustible era raro que parecieran abandonadas, donde a lo sumo había uno o dos coches. Ni me acerqué.

Parecía una lucha por la supervivencia, en la que se mostraba las peores facetas del ser humano por intentar salvarse, sin pensar en los demás: el lugar cercano para conseguir nafta, como los puestos en la fila) se vendía caro, al precio de soportar temperatura alta y un tiempo indeterminado, el cual no era menor a 20 minutos. Nadie estaba dispuesto a cederlo. Si había que cargar, que fuera todo lo que pueda, si el otro se quedaba sin nada, ¿Qué importaba?.

Hasta que divisé una en la esquina, pero una cuadra antes: desde ahí empezaba la cola. A esperar se ha dicho!. Autos quietos. Avanzaban en cuestión de minutos. De la ansiedad, cada segundo parecía no pasar más. Cuando solo 4 ó 5 autos me separaban de poder cargar vi que el coche que estaba adelante mío se marchaba por la avenida. Induje que no había más. El playero haciendo señas me lo confirmó.

Resultado, me tuve que tomar un remis hasta la zona oeste: $ 180 salió. Un precio elevado como consecuencia del desabastecimiento de nafta.

Frente a este panorama a uno se le ocurren frases del tono "¡Qué país!", "No dejan nada", "Cuando empiecen las vacaciones va a ser un quilombo!", "La gente saca todo para estar tranquilo", "hay que llenar el tanque", "tienen que poner un máximo de 10 litros por carga para que alcance para todos".

Las formas de comunicar el desabastecimiento: los playeros diciendo "no hay nada"; cárteles en los surtidores con el "no hay nada" escritos en birome en una hoja común y corriente, oficio, rayada, como improvisados, para salir del paso; algunas estaciones de servicio adornaban los surtidores con bolsas de supermercado, que se movían al compás del poco viento que había.

En la zona oeste, me dijo el remisero que el límite para cargar era de 10 litros. Mientras lo escuchaba pensaba si iba a poder terminar el recorrido, aunque su trabajo requiera tener el coche con la suficiente cantidad de nafta.

Me imaginé los millones de destinos turísticos a los que la gente soñaba ir y las miles de estaciones recorridas para cargar nafta y estar tranquilo en la ruta, en un contexto como este. Todas aquellas personas que pueden cargar de antemano y en una cantidad suficiente como para abastecer un buen rato. Los barrios, las historias.

La próxima vez buscaré el horario más temprano posible, cuando en la calle no habite más que el despertar de la mañana. ¿Habrá a esa hora nafta?. No sé, la incertidumbre ganó las calles de Buenos Aires.



martes, 22 de junio de 2010

Viajar en subte un día normal en la hora pico

Hay dos momentos en los que el subte es una batalla. Uno es la franja horaria que va de las 7 a las 11 y el otro es de 16 a 18. Entiendase que ambos se deben a la entrada al trabajo y el regreso al hogar respectivamente.

El caso que voy a narrar es el de la línea A, la cual sus últimas estaciones desembocan en calles del microcentro (Lima, Piedras, Perú y la Plaza de Mayo). Es es el motivo principal por el cual mucha gente se toma este subte. La estacion donde se produce el llenado del subte es la estación Plaza Miserere. En Lima se baja la mitad de los pasajeros, pues es el lugar de combinación con la línea C, la cual también posee sus calles en zonas del microcentro (San martín, Lavalle, Diagonal Norte).

Antes de subir al vagón guardo cuidadosamente los objetos importantes (celular, billetera, mp4 y llaves) en un bolsillo de difícil acceso. Sé que así como en el tren viajan personas que trabajan, también usan este medio de transporte quienes se dedican a robar. Subo al subte. A la mañana está cada uno de los vagones casi todo lleno, lo cual incomoda, ya que hay poco espacio para moverse.

Conseguir agua en un desierto podría resultar más fácil que un asiento a esa hora. Un ejemplo de esto es ir a la estación terminal (en este caso Carabobo) y esperar a que el subte se vacíe. En los andenes la gente llega de a grupos: en solo cuestión de segundos la cantidad varía de 10 o 20 personas a poco más de 100. Mientras el subte está por detenerse la ansiedad reina y la gente empieza a moverse hacia las puertas. Se abren. Comienza a correr el reloj y la desesperación por sentarse. Se van desnudando todas las diferentes expresiones del egoísmo: empujones, correr más rápido, dar pasos más hábiles. Parece un juego en el cual la consigna sería "el que se queda sin sentarse pierde. No creo que los asientos libres lleguen al minuto sin ser ocupados.

Comienza el viaje y la atmósfera se torna densa y pesada. Resulta difícil hacer un movimiento estando todos apretados. Para agarrar mi mp4 no puedo evitar perdjudicar a quienes tengo a mi alrededor. Cada segundos voy tocando mi bolsillo para constatar que no me hayan robado nada. Entonces tomo la decisión de dejar la mano cruzada y parezco los jugadores de futbol cuando cantan el himno de su país.

Estoy intranquilo, como así deben estar los demás. Cada cambio de estación es un lío. Una persona quiere bajar y empieza a pedir permiso, tratando de esquivar a las personas como si fueran obstáculos que tiene en el camino. Eso implica que hay que cederle el paso. Y cuesta. Suben las personas y aunque no son muchas cada vez queda menos espacio.

El vagón entero se prepara para Plaza Miserere. Las puertas se abren y comienza la debacle. Los que quieran bajar tendrán que hacer como un simulacro de batalla de la Edad Media, en la que los ejércitos enemigos iban al choque. Hay que llegar rápido afuera, porque la gente entra y atropella y no se va a correr porque cada uno busca su lugar.

Subir al tren pareciera la salvación. Como si fuera una cuestión de vida o muerte. Siempre hay uno que, como no puede entrar porque el vagón está lleno, se agarra del techo y con su cuerpo hace de palanca empujando hacia adentro. A veces entra y otras veces es expulsado afuera como si hubiese una barrera protectora.

En la estación Lima el subte se descongestiona. El espacio empieza a liberarse y una sensación de alivio empieza a acompañar al cuerpo en la sensación de poder moverse, tener espacio para acomodarse.

El gentío circula por los pasillos para hacer las combinaciones, así como también se produce un embotellamiento en la escalera mecánica.

miércoles, 16 de junio de 2010

Batucada en el medio de los productos: La protesta de los trabajadores de Disco

Hoy fui a hacer un trámite cerca de la zona del Congreso. Caminaba por la avenida Entre Ríos hasta que al llegar a la altura de 361 vi mucha gente que se asomaba a las puertas corredizas de vidrio y hablaba. Me acerco y escucho el sonido (el cual era bajo por las puertas cerradas, pero el ritmo era con fuerza) de una percusión.

Observé la escena: un grupo de no más de 10 empleados estaban sentados tocando tambores y redoblantes. Hablaban entre ellos como si estuviesen dando un show y coordinasen el ritmo. Los changuitos obstruían el paso de la gente, colocados en fila todos juntos detrás de los detectores de metales.

Cada tanto venía un empleado de seguridad cuya manera de hablar eran palabras cortas, sin tratar de justificar lo injustificable. Informaba que las actividades de la empresa paraban. La gente se juntaba. Todos se preguntaban por un supermercado cerca.

Más de uno preguntaba a qué hora iba a terminar esta protesta. Pero con lo único que se encontraba era la ausencia de respuestas. Alguno quería saber qué pasaba. Una señora dijo que era por una aumento salarial, en donde los trabajadores sostenían que con 2000 pesos no podían vivir.

Escuché una especie de sugerencia, en la cual una muejr planteó por qué no avisan qué a tal hora va a haber paro. Recordé el paro del subte y busqué una explicación para darle. Le dije: "si avisan antes nadie irá al supermercado, porque ya se sabe que no va a haber actividad. En cambio, si no avisan, tienen a la gente protestando en las puertas, lo cual significaría repercusión y poder unir las voces de la gente que está afuera, la cual se ve en la necesidad de concurrir al supermercado por motivos de existencia vital como la alimentación, saneamiento, salud, higiene".

Los reclamos de la protesta son: aumento del 35% del sueldo (que el básico llegue a 3000), la renuncia de Armando Cavalieri (Secretario General del Sindicato de Empleados de Comercio). La razón principal es la negativa de los empresarios de firmar la suba salarial solicitada mediante paritarias por el Sindicato de Empleados de Comercio.

sábado, 5 de junio de 2010

Los Odio en el Festival Ciudad Emergente (Entrevistas a Paco Huidobro -voz- y Tito Fuentes)

Paco Huidobro

Se paseaba rodeado de la gente por el pasillo que daba hacia la Avenida Pueyrredón. Con una sonrisa en la cara y prestado a hablar con el público. Recibía halagos y los intercambiaba por humildad diciendo que quizás se había equivocado en una escala o en una nota. Con un traje bordo, zapatos blancos y camisa negra con corbata blanca se encontraba a la expectativa de cualquiera de los presentes allí, disupuesto a conversar, intercambiar opiniones. Se sentía nervioso. Pero el contacto con el público lo calmaba.


-¿Qué fue tocar en le Argentina?

-Es un país difícil en este oficio. Es un país con una tradición monstruosa de músicos, de cultura. Es un verdadero reto, no se tragan cualquier cosa. Me habían contado historias de que el público te daba la espalda y ha resultado lo más amable y cálido conmigo y el grupo. Me siento muy contento y es el mejor viaje que he tenido.

-La banda ¿como nació?, ¿cómo se juntaron?...

-Lo conozco de años de tocar. A Quique, por ejemplo, yo fui a los primeros shows de Café Tacuba, el fue a los primeros shows míos, compartimos el escenario muchas veces con Café Tacuba. A Tito lo conocí cuando yo vivía en lo de mis padres con mi hermano en mi cuarto agarrando la guitarra. A Tomás y a Jay los conozco desde niños que tenían un grupo llamado Los microchips. Son amigos de toda la vida y el tiempo los hizo músicos mosntruosos y eso es una suerte que no tiene precio.

-Ustedes le meten mucho carisma a la hora de componer letras y en el escenario...

Es que es lo más importante. Este grupo exige ponernos un límite. No nos permitimos meter secuencias ni computadoras. Por eso la música es muy cruda. Es solamente un cable y un pedal de distorsión a veces. Y el diálogo tiene que ser lo que hace el intrumento con tu cerebro y con tu sentido del humor. Es lo que hace divertido a un grupo. Todo lo que decimos en las letras es lo que hablamos cuando estamos comiendo, en el lobby, tomando un café, la manera de ser todos los días.

-No aparentar sino mostrar lo que verdaderamente sos...

-Lo que uno tiene que demostrar en el escenario para tener empatía con alguien es ser una persona más. Puede haber músicos que piensan que estén sobre las demás personas. Lo único que tienen de distinto es que hacen músico, quizás las otras personas son mejores en la física, química, liteartura... Entonces hay que el mismo respeto por cada ser humano.

-¿Y te divertiste esta noche?

-Sí, estaba nervioso. Uno no sabe lo que va a pasar.

-¿Es el peso de otra tierra o de Argentina en particular?

-Argentina tiene un peso especial, porque los grandes monstruos de la música en español están acá.

-¿Cómo es la relación que se vivió con el otro yo? Ese abrazo tan festivo...

-Hace mucho tiempo un productor argentino Oscar Lopez me invitó a su casa y me sacó un montón de recortes de prensa de El otro yo y me dijo "tu tienes que hacer esto", tu tienes que trabajar con este grupo". Pasaron 10 años, vine a Buenos Aires con Molotov, los conocí en un programa de televisión, me dieron sus discos, nos hicimos amigos, vinieron a México, los llevé a pasear, escuchamos algunos singles. Y he tenido el honor como productor de hacerles su último disco. Son grandes amigos, como músicos y como personas.


Tito Fuentes.

Con el mismo traje que vestía Paco Huidobro. Hablando, opinando. En un rincón. Con un look de barba crecida. Con la simpatía que lo caracteriza, prestado a hablar en todo momento. Le dije, ¿se puede producir el milagro? ¿Podrá haber una púa de Tito Fuentes?" y él metió la mano en bolsillo derecho y la sacó y me la dio.


¿Qué tal estuvo volver a la Argentina?

-Me encanta venir a la Argentina. Me fascina.

-¿Cómo te trató el público argentino?

-Muy bien. Muy difícil llegar a un momento donde no hay expectativa o la expectativa es diferente a la que hay con tu grupo normal. El público argentino es hermoso.

-¿Es díficil ganarse al público argentino?

-Sí, pero por otra parte... ¿tu sabes lo que estás haciendo?. No es que porque hagas 3 acordes suenes más sencillo es que ya llegaste a eso ya pasaste por producciones más gigantes, por pedales, por amplificadores... Y estás volviendo a disfrutar de un buen guitarrazo, de un buen ampli. Es como sintetizar tu carrera y tu gusto musical. La gente acá también capta eso.

-¿Es el público argentino un público festivo?

-Es un público super festivo. Es un público que sabe la diferencia entre un bajo y una guitarra. Y cuando está contigo es la energía más cabrona del mundo.

-¿Sentís que lo que hacés es parte de lo que sos naturalmente?

-Totalmente. Estás ahí, con tus amigos, haciendo algo que suena bien. Empiezas a preocuparte por ver que nota sigue en qué estoy, yo supongo que cuando sabés como va tienes que escuchar el momento que estás generando lo que está pasando. Está todo bien, estás entre amigos y la gente está haciendo la mejor.

lunes, 24 de mayo de 2010

Somos un país alegre

El viernes fui a los festejos del Bicentenario para celebrar la fiesta patria. Lo que se hizo fuerte ese día fue la nostalgia. Entendida esta como un espacio en donde se encontraron los distintos puntos de vista de la historia: desde la fuerza, la organización y la energía para clamar por un país independiente hasta el conjunto de revolucionarios que plasmaron sus ideas en papel (no me voy a olvidar aquella frase "que convirtieron la rebeldía en bandera").

La anunciada división en dos partes del género rock argentino planteada para abrir el primer día de los festejos constaba, por un lado del recuerdo de 40 años del rock argentino, con éxitos del ´60 al ´80, en donde aparecieron íconos de aquella época como Lito Nebbia, Miguel Cantilo, Antonio Birabent, Ricardo Soulé, León Gieco, Fito Páez, Silvina Garré, Emilio Del Güercio y Rodolfo García, entre otros; y por el otro de bandas de los ´80 hasta hoy, como Árbol, Virus, Karamelo Santo, Estelares, El cuarteto de Nos (que es del uruguay), Los Pericos, Kapanga, Las pelotas y Los auténticos decadentes.

Entre los cantos de las personas jóvenes de la década del ´70 y los de hoy pudo observarse distintas maneras quizás de festejar, propias de las raíces de la diferencia de épocas (esto es los diferentes comportamientos y hábitos sociales, como por ejemplo, la diferencia entre bailar y hacer pogo). Pero no faltó nunca la alegría y el movimiento. Más allá de lo que represente para el país la fiesta patria, el cumpleaños 200 de la revolución de mayo, la gente salió a la calle a bailar, a festejar, a sonreir.

Casi llegando al final, la 9 de julio, entre las avenidas belgrano y corrientes, era una fiesta en donde se podía observar una confluencia de expresiones de alegría: salto, cantos, gritos y baile. Fueron voces y expresiones del cuerpo que mostraron mucha energía. En pocas palabras quedó expresado que los argentinos estamos orgullosos de serlo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Los motociclistas enviaron un escrito a al Gabinete



El miércoles 5 de abril los motociclistas se reunieron en la intersección de Avenida de Mayo y 9 de julio en reclamo al decreto 532/09 .

Fernando Rivera, administrador del sitio de internet del club de usuarios de Kawasaki y uno de los voceros, leyó un escrito que fue para presentar el día siguiente en la Jefatura de Gabinete de Ministros:

"Sr. Jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta creemos indispensable establecer un canal de diálogo entre la administración y los motociclistas para que la gestión disponga de los elementos de juicio para que sus resoluciones sean las mejores para el conjunto de la sociedad” expresaba Fernando en la introducción del escrito.

Los problemas del motociclista que planteaba el escrito:

-Derrame de gasoil: especialmente las curvas, como las de las subidas de las autopistas y la del Paseo de la Rabia debidas a los deficientes cierres de los depósitos de gasoil de camiones y colectivos. En todos los casos esos vehículos tiene que superar revisaciones técnicas periódicas.

-Guardarrails: si un motociclista impacta contra las bases de las defensas es muy poco probable que sobreviva aunque cuente con las mejores protecciones. En Europa ya se está agregando suplementos en la parte inferior que impiden que el motociclista caído impacte contra estos obstáculos.

-Pozos y obstáculos es necesario crear un medio por el cual ante la detección de una de las dos posbilidades, puedan ser denunciadas para tomar medidas preventivas.

-Elementos de señalización y marcación: necesario revisar los elementos permitidos para poner en la vía pública. No es razonable poner elementos en la calzada que sean peligrosos para los motociclistas. Los cordones utilizados configuran un verdadero riesgo.

-Vías preferenciales: sería saludable para la transitabilidad de la ciudad limitar el carril del extremo izquierdo de algunas avenidas como Corrientes, Córdoba, De Mayo y Rivadavia, para eso sería deseable que no se permita a los vehículos mantenerse estacionados en un período mayor al que una persona necesita para subir y bajar del mismo. Crear una o dos dársenas por cuadra para que si un discapacitado desea estacionar el auto no sea causal de accidente.

-Control policial: somos los primeros interesados en combatir a los ladrones de motos porque para que existan primero nos tienen que robar a nosotros. Solo los controles bien establecidos en la vía pública de forma aleatoria pueden disuadir a los ladrones de circular en moto robada.

-Carril preferencial para bicicletas y motociclistas: si logramos que se amplie a cordoba a rivadavia a avenida de mayo... vamos a circular tranquilos y sin incovenientes.

“Es justo presentar este escrito para poder hacer entender que también tenemos necesidades” concluyó Rivera.

También trajo planillas para que firmen los presentes contra la discriminación hacia los motociclistas.

Luego marcharon hacia la Legislatura. Hicieron el recorrido desde la Avenida Belgrano, doblaron por Diagonal Sur y doblaron en la rotonda del monumento a Julio Argentino Roca. Cuando estuvieron frente al edificio de Peru al 130 Rivera acomodaba a los motociclistas para estacionar.

Se reunieron con los Legisladores de distintos bloques incluyendo el que está en contra y le dijeron que no están de acuerdo con el proyecto de ley, que no hay ninguna reforma que hacerle a esto porque no lo aceptan.


martes, 27 de abril de 2010

“No somos motochorros, somos motociclistas”

Con este lema se congregaron ayer frente a la Legislatura porteña a partir de las 18 más de cincuenta motociclistas. Protestaron por el decreto 532/09 que ya está vigente en la Provincia de Buenos Aires y no quieren que llegue a Capital Federal: el número de chapa patente en el chaleco y en el casco.

Se reunieron con diputados de la Comisión de Tránsito y Transporte. El proyecto todavía no llegó, si es que sube se va a dividir en tres subcomisiones: Seguridad, derechos humanos y justicia y tránsito y Transporte. “Tenemos que hacer hechos positivos, no alcanza con protestar, hay que empezar a pedir cosas” dijo por el megáfono uno de los representantes que habló con los diputados.

Estuvieron presentes varios miembros de diversas organizaciones, entre las que se destacaron Águilas Argentinas y La banda motera. Destacaron el papel del motociclista en todas sus representaciones: cadete, trabajador, circulante y el apasionado por la moto. Todos unidos por un mismo reclamo.

El próximo miércoles 5 van a firmar un escrito en donde presentarán el rechazo al proyecto y van a armar nuevas propuestas porque entienden que no tienen una voz que los representa. A las 18 se presentarán en Avenida de Mayo y 9 de julio.

Reclamaron que no haya discrimación porque ellos también son ciudadanos. Sí están de acuerdo con el control, no les molesta que la policía la pida los documentos, pero siempre que lo hagan con respeto.

Los problemas que sufren son:

-Los pozos en las calles: “son pelígrosísimos para los motociclistas, un auto rompe una cubierta, nosotros nos matamos” compara Miguel, uno de los convocados. Hay una gran cantidad y algunos están muy hundidos.

-Las manchas de gasoil de los colectivos: hacen resbalar a las motos y una caída de este vehículo puede llegar a ser fatal.

-Los coches que no respetan: si una moto va despacio puede ser atropellada.

-Las diferencias con otros países acerca de la imagen de la moto: mientras otros países como Estados Unidos incentivan el uso de la moto porque descongestiona el tránsito, en este país sostienen que es al revés. Que se puede llegar a confundir con los sicarios que a bordo de una moto ejecutan a sus víctimas para ajustar cuentas.

-La inseguridad: ellos también se tienen que cuidar de los ladrones. “Estamos más expuestos que los automovilistas, vos salís de noche y estamos asustados de que nos roben la moto” dice Miguel.

-La palabra motochorro: no la quieren escuchar más en los medios porque sostienen que es un invento que duele y que revuelve las tripas. La aplicación de este término en las noticias, que describe el delito hecho a bordo de una moto, lleva a confundir a toda persona que posee una moto con los delincuentes. “Vos parás al lado de un coche y la gente se asusta, suben los vidrios y se corren. Si se habla de motochorro se tiene que hablar de autochorro, peatónchorro” dice Miguel. Además agregó que nunca se habla de autochorro cuando el robo se comete a bordo de un auto, los secuestros no ocurren a bordo de una moto y no se roba un flete a bordo de una moto.

-Los accesos: no pueden entrar a Microcentro. “Si la dejás en la calle te hacen la boleta y si la dejás en la vereda te la tiran”.

viernes, 23 de abril de 2010

¿Consumismo o locura?

Ayer estaba paseando por la calle Corrientes. Estaba con la idea de comprarme algo: un sweater o un jean. Y empecé a admirar los diferentes diseños con ganas de llevarme más de uno. Pero pensé y me dije "quiero un sweater, pero necesito un jean, no voy a comprar las dos cosas", entonces observé un pantalón marrón que me gustó bastante y volví a la premisa anterior "necesito un jean, no un pantalón de vestir".

Pasé indeciso frente a los diferentes locales: estaba con la idea de llevarme algo. Pero di vueltas y vueltas y decidí no gastar, conservar el dinero para otras cosas. Al día siguiente me arrepentí y me dije "sí, hoy me lo tengo que llevar". Ni siquiera fui a la avenida que nunca duerme.

Me acuerdo que las cuatro prendas que vi que más me interesaron fueron: un sweater y una campera con cierre de algodón negros, un pantalón marrón a rayas y la campera de Alemania.

A todo esto ¿por qué llamo consumismo o locura este artículo?. Porque ni bien salí a la calle el mismo día y también al día siguiente vi por lo menos 10 personas con una campera negra como la que yo quería, 5 con el sweater negro, uno con la campera de alemania y otro con una gorra (que también me gustaba) y 3 personas más con pantalón marrón a rayas.

Esas personas existen, obviamente, pero parece una escena preparada. A esas personas quizás les faltaba un cartel que diga "compralo".

martes, 20 de abril de 2010

Una extraña manera de conversar en un colectivo

AC DC sonaba en mi mp4. Estaba a bordo del 132, el cual había cambiado un tramo del recorrido debido a una manifestación. El colectivo frena y observo a un amigo sentado en el colectivo de al lado de la línea 96. Lo saludo y él hace lo mismo con un gesto.

Camino hasta la mitad del colectivo en busca de una ventana abierta (estaba vacío, lo cual hacía que fuera fácil porque había mucho espacio). Saco la cabeza y empiezo a hablarle. Preguntas que surgen típicas del imprevisto tales como "¿Dónde vas?" "¿Cómo andás?" y "¿Arreglamos una buena salida el finde?".

El colectivo se adelantó y me mandé hacia adelante para seguirle hablando. Como tenía el vidrio delante mío me tuve que manejar por señas. Vi que mi interlocutor entedió menos de la mitad de lo que le dije.

El semáforo verde dio fin a la coversación ya que los colectivos siguieron cada uno su recorrido. Vuelvo hacia mi asiento con la senesación de que todo el mundo debe haber pensado que estaba loco.

Caminé sin mirar a nadie. Y me senté.

viernes, 9 de abril de 2010

Pelea en la estación Once

Cumplía mi mejor amigo. Estaba a punto de tomarme el tren para ir a su casa. Iba escuchando música de mi mp4, tranquilo. Entro a la estación de Once. De repente, una escena que sucedió tan de golpe me sorprendió hasta tal punto que me frené y observé atento lo que ocurría.

Un muchacho alto con una camisa azul y un jean (por cuya apariencia rondaba los veinticinco años) avanzaba con paso que expresaba decisión y empuje hacia otro que vestía campera de jean y llevaba consigo una mochila. Alcancé a ver como unas trompadas se estrellaban contra una cara sin reacción ni respuesta. El joven de campera de jean había recibido por lo menos 5 piñas.

Al principio pensé que era una broma, pero la irrupción en la escena de otros dos hombres, los dos unos centímetros más bajitos y uno de ellos fornido, que también vestían una camisa azul (lo que me llevó a comprobar que trabajaban en el mismo puesto, un local de comidas rápidas ubicado a metros a la izquierda de la boletería que estaba en el centro de la estación) me hizo ver la realidad. Esos dos hombres ayudaron a golpear al que pertenecía a su equipo.

Me acuerdo que fueron pocos golpes los que recibió parado aquel joven, pues en pocos segundos cayó de espaldas contra el suelo. Entonces los agresores cambiaron sus puños por patadas. Y la escena era observar cómo 6 pies se movían alrededor del agredido que estaba en el suelo (que hacía lo posible por defenderse) y cómo conectaban en todo su cuerpo. Recuerdo una imagen que me impresionó: ver cómo una patada enérgica impactaba en la cabeza, desplazándola por lo menos 10 centímetros.

Pude notar que en la mejilla izquierda del hombre, que intentaba ponerse de pie con sus dos brazos apoyados en el suelo, se dibujaba una línea roja encargada de repesentar lo que sería el adjetivo calificador de aquel hecho: violento.

Y aquí comenzó la segunda escena terrible: el herido que intentaba reponerse cayó pesadamente hacia atrás de espaldas sin poder realizar un movimiento. Inmediatamente pensé que había sucedido lo peor: se desmayó o murió. Afortunadamente ninguna de las dos.

Una voz de un hombre que estaba por allí, que sería cliente del local, pues después volvió a la barra que tenía el local, ayudó a calmar la pelea. O quizás los 3 compañeros no tenían más ganas de golpear, o puede ser que ya habían dado lo que consideraban suficiente, o tal vez se tranquilizaron por este señor y por la casi veintena de personas que estábamos de curiosos. "Ya está, ya fue" alcancé a oír de su voz que por la distancia (unos 10 metros) se hizo bajita. Tomó a uno de los agresores de los brazos y éste se dio vuelta y regresó al local. Un policía apareció y se puso a charlar con el agredido.

Me dirijo hacia la boletería y observo que el tren más próximo salía a las 22:27. Miré mi reloj. me quedaban algo más de 5 minutos. Pensé en que tenía un poco de tiempo para registrar algo más. Recibo el boleto y vuelvo al lugar de los hechos. Veo al hombre bajito y fornido abriendo un horno gigante, trabajando. A unos dos metros a la izquierda del local estaba el joven ensangrentado amenazando a los muchachos del local. Decía que los iba a cagar a trompadas y que vayan hacia él. Al ver que los muchachos seguían atendiendo gente pensé que no iba a pasar nada más.

Caminé hacia la estación que estaba detrás del local. Algo hizo darme vuelta: el joven parado en la mitad de la barra del local en una actitud provocativa hacia los integrantes de la paliza que recibió. Como lo ignoraban optó por agarrar el servilletero que estaba a disposición de los clientes y lo puso en posición de lanzárselo. Uno de los que estaba ahí lo paró.

El policía fue avisado por un pasajero que andaba por ahí y corrió hacia el lugar de la escena. En solo segundos pude ver cómo se alejaba el golpeado. Miré mi reloj y quedaba solo un minuto y corrí hacia el tren.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Que vuelven de la cárcel: ¿una nueva estrategia para imponer terror?

Esto que paso a contar me ocurrió dos veces en menos de una semana. Y no creo que haya sido casualidad.

La primera fue el sábado alrededor de las 6 de la mañana, aunque todavía era de noche. Avanzaba por la calle Independencia y me intercepta un individuo joven. En todo momento se mostró (o quizás fue la actitud que fingió) como un tipo tranquilo. En un momento me dijo "yo sé que estás apurado". Y era verdad, quería tomarme el colectivo para volver a casa. Lo primero que pienso cuando me cruzo con personas así en la calle es no dirigirles la palabra y seguir de largo. Él insistió en que era una persona normal y yo le dije que no tenía nada. Seguí caminando. Oigo una voz detrás mío preguntándome cómo me había ido (volvía yo de bailar) y cuando me di vuelta él estaba a pocos metros detrás mío. Y repitió la idea de su discurso, que era una persona normal y que solo quería que le compre un pañal descartable. En un momento adopta la estrategia del saludo me ofrece su mano y se la estrecho. Veo que llega mi colectivo y le digo que me tengo que ir. Me apreta la mano para que no escape y me dice que acababa de salir de la cárcel y que estuvo como 5 meses. Finalmente logro zafar y sigo caminando.

La segunda fue ayer a la noche cuando volvía para mi casa, me cruzo con dos muchachos jóvenes que no escuché bien qué me pidieron (seguramente alguna moneda) y me dijeron que acababan de salir de la cárcel y que estuvieron 4 años. La diferencia con la anterior fue que esta vez tardaron menos en decirmelo, fue ni bien me pidieron.

¿En tan poco tiempo dos historias con el mismo argumento? Me suena demasiado extraño. Pareciera una estrategia para imponer terror. Y eso que pueden no tener aspecto de ser delincuentes. Cuando dicen que vuelven de la cárcel uno puede imaginar lo peor. Y con eso juegan. Es una manera indirecta de decir que te pueden hacer cualquier cosa. Solo les basta poner cara de malo. Aún así hay que ser prudente y evitar todo tipo de conversación.

domingo, 21 de febrero de 2010

El refugio de los zombies

Camino por los pasillos. La oscuridad se encarga de poner a tono lo que la realidad ofrece. La música es un ingrediente extra que decora el paisaje. Las paredes exhiben escrituras y dibujos como si fuera parte de un escrito sagrado. Rituales, saltos, movimientos sin rumbo de cabezas. Desconozco la reacción de cada uno que pasa por mi costado. Cualquier movimiento puede ser sospechoso.
Observo detenidamente. Veo pasar miles de figuras influenciadas por diferentes modas o estilos de pensamiento. Esa apariencia extrerna pareciera hablar de sus vidas o no. Hablan, ríen, se divierten. No les importa de qué manera.
Una persona pasa frente a mí tratando de controlar su movimiento. Sonríe de una manera terrorífica, la tenue luz lo disfraza de monstruo. Su mirada es inquietante y asusta. Cuanto más tiempo observa, más inseguridad tiene uno de sus intenciones. Camina atravesando todo el espacio, como un explorador de territorio. Hace elogio de su locura quizás. Su rumbo y su busqueda son mutantes en una línea de tiempo de fin indeterminado, desnudando sorpresas en cuanto a las variaciones de sentido que en ellas se pueden describir.
Una mujer camina por un pasillo. En la mitad del recorrido se cae y se apoya en una pared. Un hombre va en su ayuda. Se produce un forcejeo en donde la mujer grita pidiendo que la dejen en paz. El hombre que la ayuda es un amigo. La mujer viendo que hacen caso omiso empieza a tirar golpes. La escena dura unos minutos y se repite la secuencia: ayuda - grito - golpes. En un momento la mujer se agacha y cierra los ojos y posa sus brazos en sus piernas, al mismo tiempo que tapa su cara.
Me dirijo hacia la puerta. En un tumulto de adolescentes observo a dos mujeres que caminan a paso rápido. Una de ellas pega un grito en el que solo utiliza la vocal "u", pero es un aullido de manera prolongada, que varia de tonos, con pausas de escasos segundos por momentos. Contemplar esa imagen puede hacer pensar que esa mujer está alucinando que hace un viaje.
Es solo un lugar cualquiera que alberga gente, en donde muchas personas buscan el refugio de sus sentimientos y de su manera de pensar. Algunos cambian de personalidad y se transforman en zombies. De ahí surgen las historias antes mencionadas, sin olvidar que se pueden escribir aún más.